Tic tac.
El tiempo pasa irremediablemente, por mucho que yo quiera detenerlo, aunque solo fuera un momento. Y el tiempo es lo que marca nuestras vidas, lo que determina el antes y el después, lo que nos lleva por un camino que es solo de ida. Y junto a el, los cambios.
Cambios, cambios, nada queda indiferente al paso del tiempo.
Tic tac.
Estoy viendo fotos. Salgo en una de pequeña, con mis hermanos, los tres nos estamos riendo. En otra salimos los seis, una familia feliz. Mucho ha cambiado desde entonces. Y sé que nunca será algo parecido a lo que hubo. Los cambios que hacen falta, los que mi madre desea con todo el alma, nunca se darán. Parece que solo puede haber cambios a peor.
Cambios, cambios, nunca se sabe que va a venir.
Tic tac.
Otra foto. De hace pocos años. Salgo riéndome de nuevo, esta vez acompañada de personas que ahora apenas las veo. ¿Era feliz cuando me hice la foto? ¿Lo soy acaso ahora? ¿Hubiera cambiado algo si hubiera seguido yendo con esa gente? Yo he cambiado, ellos han cambiado, ¿quien nos ha indicado qué camino seguir?
Cambios, cambios, nadie puede saber que camino es el mejor.
Tic tac.
Sigo con las fotos. Aquí solo salgo yo. He cambiado. Aunque me miro todos los días en el espejo y no lo noto. Pero el tiempo pasa. Soy como una maldita función matemática. Una función compleja, que crece y decrece, con múltiples puntos de inflexión. A menudo, algún punto de discontinuidad interrumpe mi recorrido. Pero siempre evolucionando en el tiempo. Pequeñas variaciones respecto al tiempo, a veces inapreciables. ¿Y que se deriva de todo esto? Me gustaría coger un diferencial de mi misma y guardarlo en una botella, para recordar lo que sentía en ese punto.
Cambios, cambios, ¿hacia dónde tiende esta función?
Tic tac.
Abro mi antiguo espacio. Hace más de un año me olvidé de escribir. Cuantas cosas han cambiado. Algunas cosas que me preocupaban cuando lo escribí, ahora me parecen chorradas. La gente que me acompaña también ha cambiado. Muchas, muchas cosas. ¿Que habría hecho si alguien me hubiera dicho lo que iba a pasar? Seguramente habría cambiado algunas acciones, pero ahora estaría pensando lo mismo que estoy pensando ahora. Que irónico. Nunca estaremos tranquilos, porque no sabemos lo que nos depara el futuro.
Cambios, cambios, este año ha sido muy diferente al año pasado, pero es que cada día es único.
Tic tac.
Yo misma he cambiado. El tiempo nos castiga a todos por igual, no tiene piedad. Las piedras se erosionan, los charcos se secan, la llama se consume. Y nosotros nacemos, crecemos y morimos. Pero al tiempo le da igual, no se para ni un momento para llorar las perdidas. Nuevas rocas se originan, nuevos charcos se forman, y nuevas llamas se prenden. Y nuevas personas nacerán, para crecer y morir a los años. El proceso se repite. Primavera, verano, otoño e invierno. Un continuo bucle que no parara. ¿Acaso merece la pena?
Cambios, cambios, por mucho que nos esforcemos no quedara nadie que nos recuerde.
Tic tac.
Pero no hay que ponerse pesimistas. Hace poco alguien me dijo que desde que estaba conmigo, la gente le decía que le encontraba cambiada, a mejor, más feliz. Un cambio más. Pero esta vez soy yo quien lo he causado. Al parecer tengo ese poder, el de cambiar a la gente. Así que tal vez si que haya un sentido en todo esto. Todo cambia, y yo puedo intentar cambiar y dirigirlo a lo que quiero. Tal vez la cuestión es formar parte de este gran mecanismo. Yo cambio, pero la gente que me rodea también cambia. Nuevos caminos y bifurcaciones, pero soy yo quien debo elegir. No debo mirar atrás. Unas veces con unos, otras con otros. Soy yo la única que permanece constante... que contradictorio.
Cambios, cambios, nunca dejara de haber cambios en nuestras vidas.
Tic tac.